viernes, 2 de abril de 2010

Comer, beber, amar

DIRECTOR: Ang Lee (taiwanés, 43 años); esta película completa una trilogía sobre las relaciones entre padres e hijos en China y Taiwán: Pushing Hands (1991) y El banquete de bodas (1992, Nominada Oscar mejor película habla no inglesa). EN 1994 dirigió Sentido y sensibilidad.

PREMIOS: Oso de Oro Berlinale ‘93/ Nominación Oscar mejor película habla no inglesa 1994 (Garci dijo que había 5 películas mejores que Canción de cuna y que le había gustado mucho Comer...)

LUGAR DE LA ACCIÓN: Taipei, capital de Formosa/Taiwán (isla frente a China continental, en el Pacífico). Recuperado a los japoneses en 1943 e independizado de China por las luchas entre nacionalistas chinos y comunistas: actualmente es el Estado Nacionalista de China. De tradición china, pero con gran influjo occidental por distintas influencias y por el comercio.

GÉNERO: Comedia dramática.

ARGUMENTO: El Sr. Chu, el mejor cocinero de la ciudad, trabaja en el Gran Hotel de Taipei. Viudo desde hace varios años, vive con sus tres hijas: la mayor es una tímida profesora, convertida al cristianismo; la segunda es una brillante ejecutiva, aparentemente muy segura de sí; y la pequeña, una romántica estudiante, trabaja en un burger (quizá tres formas de entender la vida).

Cada domingo, las hijas se reúnen con su padre para una comida ritual tradicional china (se prepararon 100 platos expresamente para la película), donde nos enteramos de las diversas peripecias profesionales, familiares y sentimentales de las tres hijas.

VALORES CINEMATOGRÁFICOS: Buen guión (de una mujer), con buena definición de personajes, preferentemente los femeninos; vistosa puesta en escena, elegante y delicada, especialmente en las secuencias de preparación y presentación de las comidas, que no molestan la acción; buena combinación de ritmo de cine norteamericano con el esmero oriental por mostrar los detalles (menos lenta que la típica película china); buena dirección de actores.

DECLARACIONES DEL DIRECTOR: Es una película en la que "lo que preocupa es la comida, porque donde una familia no puede comunicarse entre sí, recurre al ritual de la comida, capaz de unir a la gente".

"...En la cultura china uno debe someterse a sus padres, porque son quienes te han dado la vida. Durante miles de años, China ha construido una sociedad basada en la unidad familiar. Ahora estamos en fase de transición. Las generaciones jóvenes quieren encontrar la libertad individual en el sistema de vida occidental, pero aún les pesa el concepto de fidelidad filial. Es una lucha dramática. Mi película es un reflejo de lo que les ocurre en la actualidad a muchas familias chinas".

LECTURAS: Caben varias. Plantea temas universales, no sólo locales. La familia sufre una crisis, que en cada cultura se manifiesta con sus peculiaridades, especificadas por la llamada liberación de la mujer. Una mujer que no quiere ser el quicio de la familia, aunque sus conclusiones son positivas.

-Incomunicación en la familia: vemos que usan las comidas para comunicarse porque durante la semana apenas hay contacto; ahí se comunican proyectos de vida, de futuro, salen los pequeños resentimientos, las incomprensiones, etc. Problema universal el de la incomunicación; gran soledad en una sociedad paradójica, con gran facilidad para la comunicación audiovisual y dificultad para la comunicación interpersonal, posiblemente porque no se sabe escuchar (una boca y dos oídos). Cuando hay comunicación hay entendimiento; la falta de entendimiento se logra con la comunicación, tendiendo puentes de entendimiento entre las personas que nos rodean (familia, amigos).

-Educación de los hijos: conflicto generacional autoridad-libertad. Las tradiciones o la independencia. Mantener los vínculos familiares es un valor. El padre es mejor educador de lo que parece; hay sorpresa final.

-Sentido de la vida. Hay que buscar algo más que los instintos básicos (uno de los personajes se pregunta: "Comer, beber, amar...¿Es que no hay más que instintos básicos?". Lo dice refiriéndose al sexo). La película parece decir -aunque superficialmente- que hay algo más: amistad, cariño paterno-filial, amor sincero, solidaridad y un sentido profundo del trabajo...Lo que pasa es que cuesta encontrar ese algo más en el fárrago del materialismo y de falta de resortes morales del mundo actual.

-Occidentalización de la sociedad china. El propio Ang Lee está occidentalizado y Taiwán también. Lee parece defender un equilibrio para compaginar lo mejor de lo antiguo y lo moderno: eso hace progresar la sociedad (error: lo antiguo es malo, lo moderno bueno).


VATEL

Dirección: Roland Joffé.
Paises:
Francia / Reino Unido.
Año: 2000.
Duración: 117 min.
Interpretación: Gérard Depardieu (François Vatel), Uma Thurman (Anne de Montausier), Tim Roth (marqués de Lauzun), Timothy Spall (Gourville), Julian Glover (príncipe de Condé), Julian Sands (Luis XIV), Murray Lachlan Young (Felipe de Orleans), Hywel Bennett (Colbert), Richard Griffiths (dr. Bourdelot).
Guión original: Jenne Labrune.
Adaptación inglesa: Tom Stoppard.
Producción: Alain Goldman y Roland Joffé.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía:
Robert Fraisse.
Montaje: Nöelle Boisson.
Diseño de producción: Jean Rabasse.
Dirección artística: Louise Marzaroli.
Vestuario: Yvonne Sassinot de Nesle.

CRÍTICA

Mateo Sancho Cardiel

La crítica a la sociedad absolutista, todas las intrigas cortesanas europeas y el exacerbado egoísmo en que devenía un tremendo aburrimiento causado por una inutilidad total bajo una pretendida brillantez cultural, es algo que hemos estado acostumbrados a ver en innumerables películas. Precisamente por eso, resulta muy reconfortante que a estas alturas nos llegue una visión diferente y emotiva de aquello que hemos visto tantas veces, que nos consiga transmitir el aliento de la injusticia sin vistas a la ecuanimidad de manera que todavía nos impacte y nos atrape dramáticamente. Éste y otros muchos más méritos reúne la nueva propuesta del director de "La Misión" y "Los gritos del silencio", Roland Joffé. Una cinta que inauguró el Festival de Cannes del año 2000 en medio de una absurda polémica por parte de los anfitriones debido a que no respetaba el idioma de la tiranía dieciochesca por excelencia, sino que veíamos a "Vatel", el maestro de ceremonias de Luis XIV, hablando en un claro idioma sajón. Después de todo, las cosas no han cambiado tanto desde la época que esta magnífica y preciosista película retrata.

Encarnado por un inmejorable Gérard Depardieu, Vatel es el humilde maestro de ceremonias de un lujoso castillo de Chantilly, que no responde sin embargo al auge económico de su dueño. La nobleza que una vez más ha quedado sin funciones y cada vez con menos dinero, intentará dar una última demostración de su antigua hegemonía con el mayor desfile de medios estéticos y culinarios para rendir tributo a Luis XIV, que durante su estancia en el castillo habrá de decidir si habrá o no guerra con Holanda. La responsabilidad de que todo salga perfecto cae en el modesto pero genial Vatel. Así, durante esos días, sentirá que el destino de Europa está en sus manos, recibirá un especial poder desde su parca cocina y por ello una gran motivación para realizar su trabajo. Así, desde esa gran ilusión, el personaje irá evolucionando a través de sus prodigiosos diseños festivos hasta la más completa desidia y decepción al darse cuenta de que la voluntad del Rey jamás se basará en la meditación, ni tan siquiera en su estado de ánimo, sino en su caprichoso talante. Aunque la película plantee en un principio sus esperanzas de humanización de la sociedad, éstas se van derribando una por una hasta dejar una desolación absoluta en el espectador.

Además de estos apuntes filosóficos, aplicables mucho más fácilmente a la sociedad actual, coexisten perfectamente dos historias que enriquecen y aportan nuevas informaciones y emociones. Por un lado, la historia de amor imposible entre Vatel y el visceral personaje que interpreta Uma Thurman, una dama de reciente y difícil inserción en la sociedad aristocrática, que aún mantiene ciertos valores morales y que no ve a sus siervos como animales de carga. Ella encontrará en Vatel un ser que siente y piensa, profundo y sutil, algo que sólo también descubre el hermano de Rey, que opta por la promiscuidad como medio de evasión, y bajo su aparente frivolidad se esconde la incomprensión. Por otro, el trato del cocinero a todos sus empleados, a los que, a su pesar, no puede pagar, y que crean un marcado contraste con la corte. Dos extremos, de la pobreza a la degeneración barroca. Y es su compromiso con ellos lo que desencadenará el curso de los acontecimientos, cuando los servicios de Vatel sean apostados y perdidos por su amo en una partida de cartas. Mientras, Tim Roth representará la cobardía y la mentira de un malvado consejero del Rey, quizá el personaje más arquetípico de la historia, pero no por ello el más débil.

Sin embargo, lo que realmente destaca de "Vatel" es su factura técnica: la hiperclásica y excelente banda sonora del incombustible Ennio Morricone, la luminosa fotografía, las buenas interpretaciones y la excelente labor de dirección; y especialmente virtuosa es la dirección artística, que no en vano fue candidata al Oscar. Toda la imaginería barroca creada por el maestro de ceremonias es mostrada en la película como un don inconmensurable de Vatel, pero no hay que olvidar que ha habido alguien detrás en su realización cinematográfica. Los espectaculares montajes vegetales del primer día, el fuego como motivo principal del segundo y el colofón del agua y el hielo en el último día, crean conjuntos de maravillosa espectacularidad y prodigiosa imaginación. Y así no hay más cariz trágico que el que nos ofrece la escena final, en la que todo aquel despliegue de arte reducido a un desastre tiene que ser recogido y destruido por los que no han disfrutado de ello, si dicho trabajo no lo hace la propia naturaleza.

En definitiva, "Vatel" es una obra que devuelve al cine su valor de elemento agrupador de miles de aspectos artísticos, todos y cada uno de ellos llevados a su expresión más minuciosa y perfecta. Un filme para descubrir y sorprenderse con cada fotograma.

POTAJE DE SEMANA SANTA DE GARBANZOS Y BACALAO

Ingredientes

· ½ k de garbanzos
· 300 g de espinaca congelada
· 2 huevos cocidos
· 1 hoja de laurel
· 2 dientes de ajo
· 2 zanahorias
· 2 cebollas
· 200 g de bacalao
· harina
· pimentón
· aceite
· sal (al gusto)


Preparación

Poner los garbanzos en remojo la noche anterior con agua templada, igualmente colocar el día anterior el bacalao en remojo, tiene que estar durante 24 horas y cambiándole el agua varias veces.
Una vez desalado el bacalao, retirar las espinas y la piel.
Poner en una olla, una cebolla, el laurel, los dientes de ajo sin pelar, las zanahorias picadas y un chorro de aceite cuando comience a hervir, incorporar los garbanzos, sazonar y dejar cocinar como 1hora y cuarto o 1hora y media aproximadamente (o unos 25 minutos en olla express) , hasta que los garbanzos estén tiernos.
Pasado este tiempo incorporar las espinacas y el bacalao, dejando cocinar durante 12 minutos más.
Mientras tanto pochar la otra cebolla bien picadita en una sartén con aceite, cuando este blandita, incorporar una cucharadita de harina y un poquito de pimentón, removiendo bien para evitar grumos.
Añadir un cazo de caldo de los garbanzos, y remover bien, agregar a la olla y dejar cocinar a fuego lento otros 10-15 minutos más.
Para finalizar, picar los huevos cocidos y añadirlos a la olla, rectificar de sal si es necesario.

jueves, 1 de abril de 2010

Sinfonía gastronómica (música, eros y cocina) Ileana Mattion, Roberto Iovino

SINOPSIS

Hubo un tiempo en que sentarse a la mesa
significaba «compartir con otros la alegría de
degustar un plato exquisito, saborear un buen vino,
abandonarse a los placeres físicos e intelectuales».
De ello nos habla este libro, de aquel tiempo en
que los sabores aparecían adornados por una bella
melodía; de las pasiones que pueden provocar una
mesa puesta con elegancia, una deliciosa comida,
la bebida apropiada y una música cautivadora.
En esta Sinfonía gastronómica podremos asistir
a un banquete de la Antigua Grecia, en donde los
comensales comen recostados, al son de una flauta.
O a un festín del Renacimiento, en el cual los
platos alternan con originales piezas musicales
y teatrales. O a una mesa barroca, con el apogeo
de la Tafelmusik, o música de mesa. O a una comida
futurista...
Además de darnos a conocer el aprecio y, en algunos
casos, la devoción que hacia el arte culinario
sintieron genios como Bach, Haendel, Brahms y
Verdi, entre otros, el libro nos ofrece recetas para
disfrutar de suculentas cenas musicales de distintas
épocas. Todo un homenaje a estos placeres de la
vida «complementarios e irrenunciables».